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Sábado 24 de Junio de 2017
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· 11 Julio de 2012

“Estar ahí”, Permanecer junto a la tierra

Por Fred Kirschenmann

“Así como es necesario intimar cuando estrechamos lazos con amigos o con seres amados, también es necesario intimar si deseamos acercarnos a la naturaleza y a nuestro lugarcito. En tanto he aumentado la intimidad con mi terruño, he aprendido que no soy aparte de la naturaleza sino parte de ella”.* – Tom Wessels, British conservation biologist (1).

Los ecologistas a menudo nos recuerdan que la única forma sustentable de manejar un predio rural (farm en inglés, en adelante: chacra), es viviendo en ella suficiente tiempo; intimando lo suficiente, para aprender cómo manejarla adecuadamente. Esta conclusión no deriva de una premisa romántica, sino de la experiencia práctica. Lo que aprendieron los ecologistas es que la naturaleza es extremadamente compleja y en constante evolución.

En conecuencia, si uno no vive en estrecha conversación con la Naturaleza, inevitablemente cometerá enormes errores que perjudicarán a uno mismo y al lugar que habita. Desde que las chacras son, en última instancia, organismos biológicos, este principio se mantiene tanto para el manejo de campos agrícolas como de tierras silvestres.

Todo productor sabe, últimamente, que un buen manejo exige intimar. Como todos los organismos vivos, las chacras cambian constantemente y por ende resulta esencial, un estrecho compromiso con las plantas, los animales y los suelos de esa chacra para llevar adelante un aprovechamiento sabio.

Con la aparición del cambio climático, esta práctica de la intimidad será cada vez más importante en toda agricultura exitosa.

Desafortunadamente, los mecanismos habituales del mercado han presionado a los productores a ignorar los principios fundamentales de una buena gestión al ser empujados a adoptar unos pocos objetivos de manejo del tipo industrial -maximizar los rindes o centrarse en la eficiencia productiva- persiguiendo siempre el retorno económico en el corto plazo.

Como en toda economía industrial, esos objetivos exigen la especialización de sus productores, simplificar el manejo y alcanzar escala económica. Esta es una estrategia que impulsa a los chacareros a concebir sus tierras, como algo aparte de su ser, que deben someterlas, en vez de considerarlas como una parte propia de ellos mismos.

Semejante desconección entre los hombres y el resto de la comunidad biótica está arraigada profundamente en nuestra cultura. Hace tres siglos René Descartes -el filósofo que fundó los principios de la investigación científica moderna-, proclamó que los hombres estaban separados de la Naturaleza y que su obligación era convertirse en sus amos, sus dominadores.

Por fortuna, una nueva cultura que está emergiendo, alienta una visión muy distinta y más práctica. Como nos recuerda Robert Thayer en su delicioso libro “LifePlace” (2), la reivindicación por transformarse en “nativo” del lugar donde se vive y que se ocupa, sobre todo si se es un labrador de la tierra, está llenando el corazón de millones de personas en toda la Nación; se trata de un movimiento fundamental de considerable importancia social, en la medida que las personas luchan y se esfuerzan por fundirse en “uno” con la naturaleza de su querencia. Este mismo sentimiento de intimidad está ganando entre una nueva generación de jóvenes productores rurales.

La importancia por poner atención a los ecosistemas naturales en la agricultura está habitando el pensamiento de una nueva escuela de investigadores agrícolas. Sirve como ejemplo la excelente colección de ensayos en “Agriculture as a Mimic of Natural Ecosystems” (E.C. Lefroy et. al., 1999) (3).

El importante rol que desempeñan tales intimidades está despertando la atención en el ámbito de los negocios. Varios años atrás, el innovador de negocios John Thackara, publicó el libro “In the Bubble” (En la burbuja) (4) en el que subrayaba que no había sustituto para el “estar ahí”. Aunque sean enormes los beneficios que el mundo digital provee al de los negocios, no hay forma de escapar del hecho de que “cuando persistimos en tratar de sustituír las experiencias reales por las virtuales, terminamos en el peor de ambos mundos. La digitalización acelera el flujo de datos, pero empobrece nuestras vívidas experiencias. Y esto tampoco es bueno para los negocios” (Thackara, 2006).

Finalmente, no hay sustituto para el “estar ahí”… en nuestros campos, nuestros negocios o nuestras comunidades. Siendo una parte de nuestro mundo, en vez de estar separado de él, será crítico para cualquier futuro sustentable.

Todo productor genuíno sabe, en el fondo, que una buena administración exige intimar, estrechar el contacto con su campo.

Fred Kirschenmann es uno de los más prestigiosos agrónomos de los EE.UU. Fue galardonado como “Distinguished fellow” por la Universidad Estatal de Iowa y el primer director del Leopold Center para la Agricultura Sustentable de la misma universidad. Es también productor rural.

Referencias:
(1) T. Wessels, Forest Forensics: A Field Guide to Reading the Forested Landscape, Woodstock , VT, Countryman Press. 2010
(2) R. Thayer Jr., LifePlace: Bioregional Thought and Practice, Berkeley, CA, University of California Press. 2003.
(3) E.C. Lefroy (ed.), Agriculture as a Mimic of Natural Ecosystems, Dordrecht, Kluwer Academic Publishers. 1999.
(4) J. Thackara, In the Bubble: Designing in a Complex World, Cambridge, MA, MIT Press. 2006

* N. del T. : Atahualpa Yupanqui decía, de modo similar: “La tierra no le pertenece al hombre, sino que el hombre pertenece a la tierra”.

1 trackback

  1. Por Programa Horizonte Sur – 14 de julio de 2012 el 14 Julio, 2012 a las 10:04

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