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@joselo_siviero

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· 2 Octubre de 2013

Camino abierto al campo

DS22campo2Por: Lic. ALEJANDRA VARTANIÁN (Primera Parte)

La autora de este artículo tomó la decisión de emigrar al campo. Aquí relata los pormenores del inicio de la experiencia en la Comarca Andina del Paralelo 42: la construcción de la casa, la preparación del suelo para el cultivo y la adaptación a una nueva vida.

 

“Hay hombres que de su cencia,
tienen la cabeza llena
hay sabios de todas menas
mas digo, sin ser muy ducho
es mejor que aprender mucho
aprender cosas buenas”.
Martín Fierro, José Hernandez, 1872.

UNA EXPERIENCIA DE MARCHA AL CAMPO

Que más fácil que instalarse en un campito, tirar una semilla al viento y esperar que crezca el alimento… Otros dirán que no es tan fácil para el habitante medio de una ciudad, que durante toda su vida obtuvo el alimento empaquetado en el supermercado de su barrio, accedió a una vivienda fabricada por personas idóneas… y tantas cuestiones más, todas muy válidas.
Sin embargo, por estos pagos la nota ya había sonado en la guitarra del Martín Fierro. Con la mente tranquila y lo más abierta posible, podemos recorrer las cuatro estaciones leyendo, practicando, aprendiendo de otros, para comenzar a comprender el funcionamiento de la naturaleza, del mineral, el clima, etc.

Este y varios pensamientos antiguos y contemporáneos fueron inspiración para tomar la decisión de poner en práctica lo que prediqué como estudiante, consultora y docente: ‘volver al campo como alternativa de desarrollo’.

Decidí instalarme en la Comarca Andina del Paralelo 42 porque tenía la certeza de que en este lugar encontraría una rica diversidad cultural campesina y ex urbana reconvertida a rural agraria desde hace unos 30 años, y podría encontrar lo necesario para desarrollar las bases a mi vida en el campo.

En mi caso, con muy poca experiencia en huerta, frutales y chacra por un lado, y absolutamente nada de experiencia en construcción por el otro, una vez encontrado el lugar (2 ha) en el faldeo de un cerro de la cordillera en la provincia del Chubut, decidí acampar por unos meses ahí mismo, lo que me sirvió para tomarme el tiempo necesario (aunque no suficiente) para caminar y estudiar el terreno varias veces. Gracias a un curso de huerta orgánica ‘biointensiva’ (y otros saberes de permacultura), imaginé un ordenamiento territorial en pequeña escala, observé el paisaje como un todo armónico y en él, las pendientes, ‘las cuencas’ (un arroyito permanente) las zonas inundables (para evitarlas en la localización de la futura construcción o tareas de producción), las islas de bosque autóctono, los sitios más y menos fértiles observando la abundancia o no de vegetación natural (para definir zonas de huerta, chacra y frutales), las elevaciones para futuras construcciones de viviendas, así como los vientos, heladas y el recorrido del sol. Me di cuenta después, que los campesinos hacían esto naturalmente, logrando una armonía con el paisaje que desde hace varios años se está perdiendo por el rápido y desorganizado crecimiento poblacional.

La secuencia de lo que fui haciendo fue:

1er paso: zonificación del predio en sectores: de mayor a menor impacto concéntricamente, desde el sector vivienda y galpón/leñero, hacia áreas de producción de hortalizas, cereales y frutales, hasta un área de bosque para leña y futura producción de hongos y miel.

2do paso: construcción de la vivienda y del galpón/leñero. Una vez definida el área óptima para dicha construcción, observé que en el predio existía abundante material para construir ‘una casa tradicional patagónica como las de antes’, construcción sencilla de unos 30 m², con un entrepiso, lo que redujo los costos en más de 50%, sobre todo al adoptar algunas ideas de la construcción natural con barro que hacen a la termicidad/eficiencia energética. El mencionado material existente en el predio, además de material de las vecindades, estaba constituido principalmente por:

  • madera para la construcción de la casa, el galpón, el mangrullo de agua, postes para alambrado de la huerta y tranqueras.
  • piedras, greda y arcilla. Junto a la paja de trigo que cosecharon mis vecinos y la bosta de vacas logramos una mezcla increíblemente buena y resistente para hacer las paredes, el revoque grueso y el fino.
  • aserrín, viruta y el cartón (para aislar el techo) que los junté gratis de los aserraderos y descartes de supermercados.
  • Para completar lo requerido para la construcción de la vivienda, fue necesario comprar:
  • • ripio, cemento y arena para la base y platea de la casa
  • chapas de cartón para hacer el techo.
  • materiales necesarios para la instalación de agua, electricidad y calefacción eficiente a leña (este ítem constituyó el mayor costo).
  • vidrios, carpintería para aberturas, clavos y algunos materiales menores.

Generalmente este tipo de construcciones se realizan íntegramente en forma comunitaria. El jardín pude encaminarlo como última etapa, resembrando semillas que juntaba del entorno.

3er paso: preparación del suelo para el cultivo de hortalizas (realizada con pala, azada y bieldo): siembra de especies hortícolas y legumbres, usando una superficie de alrededor de 50 m². Con la idea de lograr una pequeña experiencia de agro biodiversidad, logré la reproducción de semillas de 3 variedades de papa de la zona y de 4 variedades de papa del norte argentino y de Bolivia. De estas últimas se adaptaron la chacarera y la collareja para autoconsumo, compartiendo las mismas con otros productores y bancos de semillas de la comarca andina (una muy buena experiencia, motivándome a seguir en el futuro). Alrededor de la casa y de la huerta planté 16 plantas de variedades de especies frutales y algunas estacas de crecimiento rápido para uso futuro como leña (álamos) y cestería (sauces mimbre).

4to paso: primera preparación de la tierra (con tractor de un vecino): sembré trigo y centeno en unos 500 m², previendo ampliar la superficie hasta 1.000 m². Cosechamos manualmente con hoz, y la trilla fue realizada usando una vieja trilladora prestada. La molienda del cereal para la producción de harinas fue realizada mediante el uso de un pequeño molino familiar, importado, que me fue prestado por una vecina. Dicho molino está siendo reproducido artesanalmente por un pequeño agricultor de la zona, habiendo obtenido ya un instrumento de excelente calidad.

5to paso: manejo racional del bosque autóctono (con una moto sierra mediana): realicé sucesivos cortes y raleos de especies enfermas o muertas en pie para lograr una mayor entrada de luz, generar mejores condiciones para el crecimiento de los renovales y de hierbas comestibles y, a la vez, obtener madera para ser utilizada como combustible (leña).
Esta zonificación y producción (aun inconclusa) para autoconsumo, más los productos obtenidos por trueque con los vecinos, la elaboración de derivados de la leche: quesos, yogur y dulce de leche para autoconsumo y venta, la recolección de rosa mosqueta y zarzamora silvestre para elaboración de conservas, la recolección y secado de hongos de pino también para la venta me permitió una alimentación sana, rica y nutritiva ahorrando en el presupuesto para alimentación. No fue implementado el proyecto de producción de otros hongos, nogales y miel que me hubiera aportado el ingreso extra para lograr la sustentabilidad económica total, sino que tuvo que ser compensada con algunas horas en la docencia.

En cuanto al manejo del flujo de energía y materia para lograr el menor impacto posible, intenté una suerte de gestión ambiental también en pequeña escala. La provisión de servicios públicos era:

  • energía eléctrica de red.
  • agua de la red de canales de riego que era potable (entrada) y las aguas grises (salida) que, desengrasadora mediante, se vertían en un estanque artificial con la idea de decantar con arenas y ripio, y filtrar con plantas semiacuáticas.
  • aguas negras: al ser una zona semi-rural en estado natural, decidí probar el baño seco para evitar el uso de agua potable y posteriormente el impacto negativo de las aguas negras servidas típicas de las redes de cloaca y posible contaminación de napas por pozo ciego.
  • al no contar con gas de red, la calefacción y cocina fue resuelta con un muy buen diseño de los vecinos permacultores que combinaron el clásico fogón de campo de piedra con la estufa rusa de consumo eficiente de leña, añadiendo una serpentina para calentar el agua para baño y cocina y un horno para hornear comida.
  • los residuos eran clasificados en orgánicos (compost para huerta) e inorgánicos que a su vez se clasificaban en papel, vidrio, metal, plásticos y otros, dándole a cada uno un destino de uso o re-uso casero, por lo que los residuos se redujeron a una bolsita de supermercado cada mes y medio, destinada al basural municipal.
  • cenizas del fogón (al compost)

Si bien esto suena fácil e idílico, a lo largo de esta búsqueda pasé momentos en que me cuestionaba seriamente en qué me había metido. Así como las primaveras y veranos en la cordillera son únicos, los largos inviernos patagónicos también son inolvidables, más cuando una depende totalmente de la leña para todo. Al atender otras necesidades básicas suspendí la posibilidad de tener teléfono, internet, lavarropas o heladera adaptándome y organizándome mejor. Aunque el cansancio físico estuviera varias veces a punto de ganarme, el entusiasmo de la experiencia de aprendizaje logró que mis defensas estuvieran siempre altas.

En cuanto a la sustentabilidad social-económica y ambiental, recalco que para observar los resultados de un proyecto es necesario de 5 a 7 años de duración del mismo, y mi experiencia hasta hoy duró 3 intensos años.

 

6 comentarios

  1. José Luis Siviero

    Gracias Clara Peña por compartirnos este artículo.

    2 Octubre, 2013 a las 17:21 · Responder
  2. Roberto Alvarez

    Muy buena experiencia, creo que es a lo que se deberia apuntar para sobrellevar la inminente crisis energética que se viene, lastima los valores de la tierra que son inanlcansables y es un desproposito tanta tierra fertil desaprobechada sujeta a los intereses del capitalismo.
    Saludos.
    Roberto

    3 Octubre, 2013 a las 15:37 · Responder
  3. gonzalo quiroga

    Muy bien, y sobre todo, transmites una experiencia que indica la necesidad de planificar y tener paciencia.

    10 Octubre, 2013 a las 17:16 · Responder
  4. carlos

    el valor de la tierra no es el problema ,el mayor problema que tiene la mayoría es que la tierra esta muy abajo y hay que agacharse para labrarla

    11 Octubre, 2013 a las 21:21 · Responder
  5. Beto

    experiencias asi son contagiosas. Nos estamos apenas en el km 28 en el limite rural/urbano de Brown y tratamos de hacer lo mismo obiamente son pocos los que comparten esta vision y la docencia aporta sustentabilidad pero es una decision tomada. Felicitaciones

    18 Noviembre, 2013 a las 21:35 · Responder
  6. Johna460

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    19 Mayo, 2014 a las 6:58 · Responder

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