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· 10 Enero de 2012

Sin empleos en Atenas, los griegos vuelven al campo

Cada vez más jóvenes abandonan la capital y se dedican a hacer tareas manuales agrícolas.

Por Rachel Donadio | The New York Times

CHIOS, Grecia.- Nikos Gavalas y Alexandra Tricha, ambos de 31 años, se cansaron de los trabajos mal pagos y los contratos a corto plazo en Atenas, donde el empleo escasea y el costo de vida es caro. Así que el año pasado decidieron emprender un nuevo proyecto: criar caracoles comestibles de exportación.

Mientras la ruinosa economía griega se hunde, la pareja se sumó al éxodo de griegos que están huyendo al campo en busca de que el rico pasado rural de la nación los guíe hacia el futuro. Reconocen que se trata de un emprendimiento bastante peculiar, que implica más trabajo manual que el que ellos, graduados universitarios, jamás pensaron tener que hacer. Pero en un país al borde del default, les pareció una apuesta tan buena como cualquier otra.

Gavalas y Tricha optaron por volverse a su Chios nativa, un isla del Egeo que está más cerca de Turquía que de Atenas. Iniciaron su granja boutique usando 50.000 dólares de los ahorros familiares de toda la vida. Esa inversión todavía no dio ganancias: la primera cosecha está prevista para fines de año. Pero la pareja está segura de la decisión que tomó.

“Cuando llamo a mis amigos y familiares de Atenas, me dicen que allá no hay esperanzas, que todo va de mal en peor”, dijo Tricha mientras caminaba por su invernadero. “Así que me parece que hicimos bien.”

El desempleo en Grecia es ahora del 18% y alcanza el 35% entre los jóvenes de 15 a 29 años, cuando a fines de 2010 esas cifras eran del 12 y el 24%, respectivamente. Pero el sector agrícola fue unos de los pocos en dar ganancias desde el comienzo de la crisis: sumó 32.000 nuevos puestos de trabajo entre 2008 y 2010, en su mayoría ocupados por griegos y no por inmigrantes, según informa la Confederación Panhelénica de Asociaciones Agrícolas.

“El mayor incremento se da en la generación intermedia, personas que van de los 45 a los 65 años”, dijo Yannis Tsiforos, presidente de la confederación. “Esto revela que en el pasado tenían una ocupación diferente.”

En Grecia, así como en otras partes del Mediterráneo, es tradicional que las familias inviertan en tierras, pues son consideradas mucho más estables que las inversiones financieras, y es común incluso que griegos de bajos ingresos hayan heredado propiedades familiares. A medida que la crisis se profundiza, son cada vez más los griegos que deciden recurrir a esa última línea de defensa.

La matrícula de las escuelas de agronomía también están en alza. Panos Kanellis, presidente de la Escuela Agrícola Norteamericana de Salonika, dijo que las inscripciones se triplicaron en los dos últimos años y que la matrícula de cursos como fabricación de quesos y de vinos ha subido. Kanellis dice que muchos jóvenes se le acercan con la siguiente inquietud: “Tengo un par de hectáreas que me dejó mi abuelo en tal y tal lugar. ¿Qué puedo hacer?”.

Cada vez son más los que se hacen esa misma pregunta, y algunos decidieron que pueden hacer algo. “En las grandes ciudades, no hay futuro. Para los jóvenes, la única opción es irse al campo o irse del país”, dijo Tricha.

Si los refugiados de las ciudades esperan que la vida en el campo sea idílica, muy pronto se dan cuenta de su error. En 2006, Vassilis Ballas y su esposa, Roula Boura, ambos de 36 años, dejaron sus empleos en Atenas -él trabajaba en dirección de contenidos de un sitio web, y ella, en marketing- para mudarse a Chios, de donde provienen sus abuelos. Querían un cambio y decidieron probar suerte con el cultivo de árboles de almáciga, que sólo crecen en el sur de Chios y producen una resina usada para fabricar licor, alimentos, velas y jabón.

“Fue una decisión personal”, dijo Ballas. “Veníamos pensando en irnos de Atenas y un amigo nos dijo que su abuela producía 100 kilos de resina de almáciga ella sola con un burro”, una cosecha con la que un productor puede ganar cerca de 80 dólares por kilo al por mayor. Pero la pareja descubrió que el cultivo de almáciga era mucho más difícil de lo que creían. Así que, aunque siguen teniendo 400 árboles de almáciga, han incursionado en el ecoturismo relacionado con este árbol para que las cuentas les cierren.

VUELTA A LAS RAÍCES

Más allá de las cifras, el impulso a volver a las raíces rurales de Grecia representa en sí misma una reveladora tendencia desde que se desató la crisis: un regreso al interior, un silencioso tipo de orgullo nacional como respuesta a la tristeza generalizada. Dimitris Kaloupis, que dejó su trabajo como obrero hace 20 años, durante los años del boom inmobiliario, es ahora un granjero de tiempo completo en Volissos. Kaloupis opina que Grecia puede manejar esta crisis, como lo ha hecho con tantas otras.

“Nosotros inventamos la civilización, y nosotros seremos los que la recuperaremos”, dijo Kaloupis mientras almorzaba un guiso de cordero criado por él mismo. Si la economía realmente se hunde sin remedio, él tiene un remedio: “Apretaré la roca que hay en mi mano y del agua que brote de ella haré pilaf para alimentar a mi hija. Nos vamos a arreglar”.

Fuente: lanacion.com

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